Habla cuando tus palabras sean mejores que el silencio

Habla cuando tus palabras sean mejores que el silencio

A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada”, decía Winston Churchill.

“Para saber hablar, es preciso saber escuchar”, decía Plutarco. Sin embargo, una y otra vez creemos que lo que tenemos que decir es más importante que lo que tenemos que escuchar. Estamos tan inmersos hablando que ni siquiera nos damos cuenta si el mensaje emitido ha sido recibido correctamente.

Gente con auriculares corriendo por la Rambla o el paseo marítimo sin mirar a nadie, personas embobadas en su Ipad o en su celular de última generación, sea Apple o Android, otras personas no simulan su adicción a los sms y su aversión al encuentro cara a cara, al contrario, el móvil parece ser una prolongación de su mano. Otras personas de vez en cuando invertimos parte de nuestro día en discusiones interminables en chats de Whatsapp donde se trata de probar distintos argumentos para convencer que nuestra creencia es la correcta. Entre todo eso, a la vez trabajamos, criamos a nuestros hijos, hacemos deporte, pagamos cuentas y observamos horrorizados las fallas en la comunicación desde los poderosos de turno. Vivimos un tiempo donde los mandatarios comunican sus planes de acción ante el odio y la intolerancia haciendo exactamente lo mismo que su oponente, atacando a través de bombas y con la creencia del “ojo por ojo”. A su vez, es un tiempo reactivo en cuanto a eso que comunicamos. Nos cuesta esperar que el otro explique lo que tiene para decirnos y decimos antes que el otro diga.

Porque sin duda, la palabra comunicación se asocia con hablar y poco con escuchar. Tendemos a llenar los silencios con palabras, a veces haciendo comentarios torpes e intrascendentes. Contradecimos la famosa frase budista: “habla sólo cuando tus palabras sean mejores que el silencio”. El primer gran problema parece surgir de las dificultades del diálogo con el otro. Mientras tanto crecen los mensajes al celular, las cadenas de mails y cada vez más personas recurren a los diversos chats como forma de conversación con amigos o desconocidos.  La comunicación en vivo y en directo es el gran tesoro de esta sociedad. De todos modos, las personas no están tan incomunicadas como se cree y en todo caso si el mundo lleva hacia un predominio de las actividades solitarias, siempre hay personas dispuestas a combatir esta tendencia. Por eso, la realización de eventos, cenas, networking permite ir más allá de lo virtual o la clásica tertulia con amigos es más que enriquecedora. En mi caso, cada tanto organizo reuniones con amigos para crear conversaciones transformadoras. Cada tanto los sorprendo y les traigo gente nueva y eso refresca las conversaciones y es valorado por mis amigos que les hace ampliar sus miras más allá de su círculo cerrado.

Joven con compu wix

La comunicación va más allá del hablar. Las palabras sólo ocupan el siete por ciento de nuestra forma de comunicarnos, un treinta y ocho por ciento lo ocupa el tono de la voz y un cincuenta y cinco por ciento lo ocupa el lenguaje corporal. Por tanto, nuestro lenguaje corporal nos va a delatar cuando no estamos tan bien. El lenguaje no verbal denota la información de nuestras posturas, nuestros ojos, nuestras manos, de nuestras piernas. Lo primero que se percibe en un individuo es el tono postural. El modo de estar es importante porque la actitud física contagia a la mental y así verás que andar desgarbado, te hace sentir desanimado porque la postura, comunica. Frecuentemente en mis cursos de Comunicación o de coaching les hago caminar porque según cómo uno esté andando y en la posición que toma para observar el mundo, ahí se reflejan sus posibilidades. Sin darnos cuenta, la tristeza apaga nuestra mirada, hace encorvar nuestros hombros y nos hace caminar a paso lento. Si queremos causar, buena impresión, los hombros y la espalda han de estar rectos porque la espalda encorvada da sensación de agotamiento.

La comunicación es el primer paso para obtener lo que queremos. Hace unos años participé como colaboradora en el espacio de coaching “Hola Barcelona”, un programa de informativos muy original dirigido por la periodista Olga Valencia y Ferran Vergés. Sin duda el hecho de tener un espacio de coaching en la televisión era algo innovador hasta ese momento que eran los años 2008 y 2009 porque casi no aparecía la figura del coach en televisión salvo para motivar cantantes y bailarines en concursos de talento. Pero sin duda lo que más me gustó fue que en el momento del espacio, que duraba unos diez a quince minutos, ninguna de nosotros creábamos monólogos donde expresábamos nuestra brillantez mental. Ninguna hablaba encima de la otra como se estilaba en la mayoría de los programas de la televisión española.  Más bien, el televidente podía observar a dos personas dialogando de una forma enriquecedora y amena, sin caer en el lucimiento del ego de ninguna. Hoy veo una televisión donde el habla domina a la escucha de los interlocutores. A ninguno parece importarle lo que el otro tiene para decirle. La rapidez de los tiempos va en detrimento de la pausa y de la escucha empática.  Por la capacidad de escucha de Olga Valencia y su brillante modo de preguntar, podíamos hacer una televisión amena y al mismo tiempo con pausa. Algo similar me sucedió con Carles Lamelo, el conductor de “Noches de radio” en Onda Cero. Ahí tuve mi propio espacio de psicología y una de las ventajas era que Carles es un gran escuchador y un excelente periodista, que domina el arte de preguntar. Por tanto, el ida y vuelta se daba de forma natural. Recientemente en mi último viaje a España tuve la fortuna de volver a conversar con él en la radio y la magia se repitió. En Uruguay, Jorge Traverso y Gustavo Rey deben ser los periodistas que más ejercen esta escucha y este arte de la comunicación efectiva.

Anteriormente y posteriormente a eso, me llamaban frecuentemente de otros medios de España y recuerdo una vez que fui invitada a “La mañana de la 1” (hoy llamado “La mañana” a secas) conducido por Mariló Montero. Desde los estudios de TVE de Barcelona hacíamos el móvil y desde los estudios de Madrid estaban los panelistas que me preguntaban e increpaban, y por supuesto que no me escucharon, porque no se escucharon ni ellos, hablaban todos por encima de cada uno. Desde los monitores de Barcelona, me pude observar en la pantalla, viéndome en el medio de una torre de Babel o de una mesa redonda donde predominaba la confusión. Más adelante, cuando fui invitada a otros programas de televisión, me di el lujo de establecer el ida y vuelta con los interlocutores y esto por suerte se debió a la gran labor del comunicador de turno que además de argumentar y hablar con un tono seductor, escuchaba con atención.

La escucha, la atención, el cuidado del otro son valores que parecen en crisis en este universo hedonista, donde todo se quiere disfrutar al instante. Nosotros, los psicólogos y coaches que salimos en televisión y en radio nos tenemos que cuidar de no caer en monólogos interminables donde se potencian los discursos panfletarios y nos posicionamos como los reyes de la verdad.

Cuando nos comunicamos de forma efectiva, la retórica, que implica el contenido y los objetivos de ese discurso no es lo más importante. El qué comunicamos se suele olvidar pero el cómo lo comunicamos es lo que suele quedar. La gente nos llega por su voz, su tono, sus posturas y principalmente cuando practicamos una escucha atenta. Escuchar las necesidades y deseos del otro es esencial en cualquier relación y si les interesa el tema les dejo con el programa sobre Comunicación efectiva para Ruta feliz que contó con las palabras de Gustavo Rey y Karen Montalva opinando sobre el tema.

 



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2 comments

  1. Leti: siempre tan oportuna, me llegó el mensaje, necesito recordarlo para estar mas presente en mi vida y librarme del parloteo innecesario.
    Gracias!

    • Gracias divina Laura, a veces tenemos que escucharnos porque muchas veces siguiendo el ruido exterior nos dejamos aturdir. Por suerte las respuestas las tenemos nosotros, abrazote

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