El fuego de un escritor que no tiene tregua

El fuego de un escritor que no tiene tregua

(entrevista publicada originalmente en revista Son, Montevideo, número de mayo de 1997)
Mario Benedetti refleja sin tapujos en su literatura una seria preocupación por la solidaridad social y todo el entramado de las relaciones humanas. Quizá por eso sea uno de los escritores más leídos en América Latina. En la revista“Son” que fundé con unos colegas del periodismo hace muchos años, tuve la oportunidad de entrevistarlo en su piso de la calle Zelmar Michelini de Montevideo.

Benedetti, más reflexivo y sagaz que nunca, nos abrió una rendija de su mundo y opinó sobre todo aquello que conforma su pensamiento: su etapa de periodista, su devoción por la literatura, el poco interés en la cultura por parte de los sectores de poder y hasta tuvo la osadía de comentar sus gustos literarios.
 
UN LARGO CAMINO HACIA LA LITERATURA
La discreción y la humildad de Mario Benedetti nunca le permitirán que se atribuya el mérito de haber sido uno de los primeros en instaurar la claridad en la poesía hispanoamericana. Esa misma discreción también le impedirá presumir de su futura investidura, el próximo 16 de mayo de 1997, como “Doctor Honoris Causa” por la Universidad de Alicante, España, y la organización de un Congreso dedicado a su obra en la misma Universidad. Tanta humildad también hará que le cueste reconocer que su vasta obra, que incluye poemas, ensayos y novelas, ha sido traducida a más de veinte idiomas. Pero esa discreción y humildad no implican pasividad frente a la intolerancia, aún a pesar que debió sufrir un largo exilio en Argentina, Perú, Cuba y España, países que lo acogieron pero en algunos de los cuales también debió soportar una dura represión.Para este escritor, comprometido con sus ideales de solidaridad y justicia social, su voluntad de libertad no se detuvo nunca frente a las prohibiciones de la dictadura, cuya censura dejó secuelas en el sentir ciudadano de Mario Benedetti y en el sentir de la gran mayoría de los latinoamericanos.

Además de escritor, Benedetti es un hombre que no se deja envanecer por los trofeos y halagos mundiales ni se conforma con la calma que ocasiona el éxito. Además encuentra el tiempo y la infinita paciencia para interrogarse con minucioso cuidado respecto a esa “rara especie ciudadana”, sin dejar tampoco de lado sus convicciones políticas. Hombre, escritor, ciudadano, mantiene sus principios inalterables y no tiene conflictos en decir que no en un mundo donde a todo se dice que si.

EL NIÑO LITERATO

-Don Mario, usted es escritor y nació en Paso de los Toros, Tacuarembó, ¿es verdad que la gente de pueblo es más “cuentera” y tiene más tiempo para hacer volar su imaginación?

M.B: Tengo que aclarar que en Paso de los Toros viví los primeros dos años de mi vida, después fui dos años más a Tacuarembó. Mi padre era químico y a los cuatro años nos vinimos a Montevideo. Soy más montevideano que de Paso de los Toros. Además en mi época, todos los montevideanos habían nacido en el interior. Ahora les da por nacer en Montevideo. Antes venían a estudiar a Montevideo. Ahora, no es tan difícil la vida en el interior.

-¿Desde su niñez ya fue formado por la literatura?

M.B: Ya leía mucho antes de ir al colegio. Hice toda la primaria en el Colegio Alemán. Ya había leído a Julio Verne, alguna novela de Salgari…

-¿Se le fomentaba la lectura en su casa?

M.B: Mi padre era químico, no era escritor. Mi madre era ama de casa. Pero nunca me pusieron ninguna dificultad. Los primeros poemas que escribí fueron en alemán. Cuando estaba en el colegio, nos mandaban una tarea y yo la hacía en verso. Me costó mucho convencer a los profesores que yo hacía los versos; además escribía cuentos. Estando en primaria, escribí una novela.

-¿Y esa novela se publicó?

M.B: No, era malísima, de mosqueteros, capa y espada.

-¿Qué hacían las maestras frente a un niño con semejante creatividad?

M.B: Tuvo que ir mi padre al colegio para dar fe de que yo escribía esas cosas, que no las copiaba. No me creían.

SU ETAPA DE PERIODISTA

-Más adelante en el tiempo, usted participó como periodista en las revistas Número y en Marcha. ¿Qué recuerda de esa época?

M.B: Hice de todo. Crítica de cine, humorismo. Tenía una sección que se llamaba Damocles, después esa sección la seguí haciendo en la revista Peloduro. En los últimos tiempos de Marcha, hacía artículos de opinión y política, y colaboré prácticamente hasta que la dictadura lo clausuró.

-¿En Marcha se cruzó con Eduardo Galeano?

M.B: Si. Con Galeano estuve en varios lados, en la revista “Epoca”, “Crisis”. Tenemos muchas cosas en común.

-¿Cómo era eso de formar parte del staff de Número?

M.B: Número era una revista típicamente literaria. Se originó con Emir Rodríguez Monegal, Idea Vilariño, entre otros. Tuvo dos épocas, después se deshizo por razones políticas. Rodríguez Monegal estaba en una posición más de derecha, más proyanqui. Todos los otros estábamos muy entusiasmados con la Revolución Cubana. Hubo una ruptura porque Rodríguez Monegal quiso transformar la revista en un órgano del Congreso para la Libertad de la Cultura. Pero como nosotros teníamos una información de fuentes bastante fidedignas que el Congreso para la Libertad de la Cultura estaba financiado por la C.I.A., nos negamos a eso. Entonces se partió la revista y nosotros, los que quedábamos, que éramos la mayoría, no la pudimos seguir publicando porque Rodríguez Monegal había registrado en la Biblioteca Nacional el nombre de la revista a su nombre, sin habernos avisado nada. Años después hubo una Asamblea del Congreso por la Libertad de la Cultura en París ,donde los propios integrantes del Congreso dijeron que estaban financiados por la C.I.A.. Así fue la vida, pasión y muerte de “Número”.

LA ADHESION A LA REVOLUCION CUBANA

-¿Y usted sigue creyendo en la Revolución Cubana, ahora que ya no existe la U.R.S.S., se ha caído el muro de Berlín? ¿Hay lugar para las utopías en este mundo?

M.B: Yo sigo apoyando la Revolución Cubana. No quiere decir que esté de acuerdo con todo lo que hacen. Porque como yo no estoy de acuerdo con la pena de muerte, con ninguna ideología que esté detrás, no estoy de acuerdo con la pena de muerte en Cuba. Pero tampoco es cuestión de rasgarse las vestiduras por cinco ejecuciones que hicieron en quince años, cuando Estados Unidos hace una por semana. La última es a ese condenado que le empezó a salir fuego por la cabeza, era precisamente un cubano que estaba en Estados Unidos. Hay dos mil doscientos condenados a muerte en Estados Unidos. Nadie pone el grito en el cielo por esto. Pero por cinco que mataron en Cuba, hay gran escándalo.

-La unión del pueblo cubano es un fuerte que tiene la isla frente a los problemas de la escasez de productos y la angustiante pobreza. Debe ser el único pueblo de Latinoamérica que no depende de Estados Unidos…

M.B: El problema es que a Cuba no la dejan tranquila. De pronto, si se suspendiera el bloqueo…La quieren ahorcar. ¿Qué se puede pretender de un país que es pequeño? Es un país pobre, demasiado ha aguantado. Si la dejaran tranquila, mejoraría la situación económica de la gente. Es como una obsesión que Estados Unidos tiene con Cuba. China es comunista y comercian con China, le volvieron a dar los privilegios de estado de primera categoría, han hecho la paz con Vietnam, comercian con Vietnam, que son países comunistas. Lo que les molesta es Cuba. Es una especie de forúnculo que tienen.

-Pese al bloqueo, sorprende los avances que tienen su sistema sanitario y educativo, con respecto al resto de América Latina.

M.B: Estarían mucho más avanzados si no estuvieran bloqueados, si se suspendiera la ley Helms Burton.

LA HUMANIDAD EN LA ESCRITURA

-Creo que usted es uno de los escritores más humanos, en el sentido que toda su humanidad parece reflejada en sus novelas, cuentos y poesías…

M.B: Me preocupa mucho el tema de las relaciones humanas, no sólo a nivel literario sino también a nivel personal. La solidaridad social, la política, el amor (que me parece un poco la cumbre de las relaciones humanas) y la relación con temas religiosos. Yo no soy nada religioso, soy ateo, pero comprendo que la gente busque una salida por el lado de la religión. Todo lo que tiene que ver con las relaciones humanas, a mí me preocupa mucho, tanto en los poemas como en los cuentos.

LOS ANDAMIOS DEL EXILIO

-Su literatura siempre parece estar a favor de la realidad. Sus lectores leen sus libros y muchas veces se da una suerte de identificación con alguno de sus personajes. Por ejemplo, en “Andamios” cuenta bastantes cosas que pasaron en Uruguay. ¿No hay demasiada coincidencia entre el personaje Javier Montes y el autor Mario Benedetti?

M.B: La única coincidencia es que es un exiliado que vuelve y demás. Pero son cosas del oficio, del ambiente, pero no de la vida de él. Yo me volví de España pero mi mujer vino conmigo. No tengo hijos, tengo un hermano con el que me llevo magníficamente, no como esos dos del libro. Mi padre no fue asesinado ni nada por el estilo.

-¿El regreso es más duro que los momentos del exilio?

M.B: Claro. Es que es muy difícil ese reencuentro. Primero, porque el país después de doce años de exilio, no es el mismo. Estuve exiliado en cuatro países: Argentina, Perú, el más corto porque me echaron, Cuba (que estuve cuatro años) y después el resto, hasta el final en España. Argentina también me toco mucho porque yo creo que ahí corrí más peligro que en Uruguay. Aparte que alguna vez me tuve que ir, porque me amenazaron de muerte, yo era el único extranjero de la lista. En Argentina fue peor: aparecían veinte cadáveres en los basurales por noche. Los que recibíamos amenazas, ya sabíamos que nos teníamos que ir porque si nos quedábamos, nos mataban. En Montevideo, me amenazaban por teléfono, hablaban con mi suegro: “dígale a su yerno que lo vamos a matar” pero aquí rara vez la cumplían. Pero en Argentina, las cumplían todas.

En Perú, fue muy breve. Me echaron sin ninguna razón porque yo no tuve ni la menor actividad política. Trabajaba en un diario y escribía sólo sobre literatura. Después estuve en Cuba y luego en España. En todos los países es como un fenómeno de osmosis, uno da lo que puede y también recibe, eso hace que uno cambie. Porque hay países que tienen otra cultura, otra historia. De los gobiernos, casi nunca se aprende nada, pero de los pueblos sí. Uno vuelve con todo ese bagaje, con toda esa carga de experiencia, viene con mucha más información frente a la gente que se quedó.

Mis libros estaban prohibidos. Publiqué veintitantos libros en el exterior. Cuando comenzaron a aparecer aquí, salieron todos juntos, lo cual perjudica el concepto sobre el escritor porque el lector no sigue un proceso. Compra éste y a lo mejor otro y aquel tiene ocho años de diferencia con el anterior y él piensa que es posterior. Por eso, es difícil el reencuentro, la gente vivió experiencias distintas. Yo creo que la cultura de esos años es como dos muñones de cultura, dos culturas amputadas. Los que se quedaron acá, tenían el ambiente, la Vía Láctea. Allá, en Europa, hay un cielo vacío.Acá hay una alfombra de estrellas. El que se quedó tenía todo eso pero no tenía la libertad para expresarse. Nosotros estábamos afuera, teníamos la libertad para expresarnos pero nos faltaba todo eso. Son dos culturas amputadas. Para que esos muñones se encuentren y otra vez se conviertan en mano, tiene que pasar algo. Yo creo que ya está bastante integrada, los de afuera y los de adentro.

El título “Andamios” del libro es como una metáfora. Cuando un edificio está en construcción o en reconstrucción, precisa andamios. Cuando está terminada la construcción, los andamios se retiran. Yo digo que la reconstrucción democrática de Uruguay todavía precisa andamios.

UNA VIDA DE NOVELA

Mario Benedetti nació en Paso de los Toros(departamento de Tacuarembó) pero es más montevideano que otra cosa. Su literatura pone al desnudo las conductas de personajes típicamente montevideanos. Pertenece a esa generación de intelectuales que debió sufrir la intolerancia de la dictadura y el duro exilio. Hoy tiene el privilegio de vivir de la literatura pero ayer conoció etapas donde no siempre hizo lo que quiso, sino más bien lo que pudo. Fue taquígrafo en la UNESCO, tenedor de libros y periodista.Benedetti es el autor de novelas memorables como “La Tregua” y “Gracias por el fuego”. Además de transitar como novelista, también experimentó como cuentista y dramaturgo. Autor de poemas inolvidables como “Te quiero” y “No te salves”, que como el resto de su poesía tienen la virtud de conjugar la simplicidad y la profundidad en versos frescos e innovadores.

Joan Manuel Serrat, Nacha Guevara, entre otros son los responsables de que los poemas de Benedetti se hayan transformado en canciones.

Su último libro, “Andamios” parece querer explicar la desazón que atraviesa un exiliado cuando regresa a su país de origen, al encontrar que el lugar ya no es el mismo, ni las personas son las mismas porque ni él mismo es ya el mismo.

CONDENADO AL EXILIO

-¿”Andamios” busca mostrar el desencanto del montevideano, extraño en su propio país y extranjero en el exterior?

M.B.-En un poema, lo digo. Uno que es exiliado está condenado a ser exiliado en todas partes. Así como uno, cuando está exiliado, siente nostalgia de su país, del paisaje, de la gente, cuando vuelve, está condenado a ser un eterno exiliado.

-Bueno ahora con estos años de democracia, muchos exiliados políticos pueden cerciorarse que la democracia es relativa. Siempre recuerdo esa frase del filósofo Michel Foucault que dice algo así como que la vieja potencia del rey, luego de la Revolución Francesa, ahora es cuidadosamente recubierta por otros organismos que administran los cuerpos y controlan nuestras vidas…

M.B-La vigilancia de los militares es evidente. Ahora que volvió a salir el tema de los desaparecidos, los militares establecen su presencia allí, no hay quien los mueva. No es el caso de Chile donde Pinochet sigue presente. Yo estuve en Chile hace dos años y vi el miedo de la gente. Aquí la gente habla muchísimo más que en Chile, donde hubo una conferencia de prensa y yo dije cosas muy discretas y no salió nada.

-La discreción es una característica suya…

M.B-Yo, por ejemplo, ahí en Chile, la única cosa que no pudieron cortar fue una entrevista en vivo y en directo en televisión. En ese momento, estaba Patricio Aylwin y acá estaba Luis Alberto Lacalle, y el periodista que era bastante mal intencionado, me preguntó: “Si usted tuviera la oportunidad de encontrarse hoy con Fidel Castro, mañana con Lacalle y pasado con Aylwin, ¿qué le diría a cada uno?”. Yo dije: “A Fidel le diría que tenga confianza, que salga de ese pozo como han salido de otros, que se cuide. A Lacalle le diría que espero que haya asimilado la experiencia de estos años que ya lleva de gobierno y que saque consecuencias que sean favorables al pueblo y no a su clase. Y a Aylwin, es muy difícil pero le haría una pregunta que se hace casi toda América Latina, ¿por qué ha mantenido a Pinochet en el cargo de Jefe de las Fuerzas Armadas?” El tipo se quedó tan pálido, que tenía ganas de ir a sostenerlo. No sé cómo me dejaron salir.

EL RECONOCIMIENTO MUNDIAL

Mario Benedetti debe viajar constantemente a uno de los países que lo albergó durante su exilio: España, donde lo convocan año a año en las universidades para los cursos de verano. Ha dictado cursos en la Universidad Complutense de Madrid, en la Universidad de Alicante y en la de Valladolid, donde le harán entrega próximamente del Doctorado en Honoris Causa. En la Universidad de Alicante armaron una semana con setenta ponencias sobre toda su obra y además se van a proyectar las películas basadas en sus novelas. El interés por su persona y su literatura continúa en Bilbao, Toledo y otras zonas de España, donde debe concurrir.

Nuestro escritor debe rechazar invitaciones de varias zonas del mundo, como por ejemplo de Australia, Chile, Grecia. Pero este rechazo no se debe a que la fama y el éxito hayan intensificado su soberbia. Más bien obedece a la necesidad de Benedetti de permanecer en un solo sitio pues todos estos viajes lo perturban mucho para escribir. Su regreso a Montevideo no implica mayor tranquilidad pues como bien lo manifiesta el escritor uruguayo: “No estoy tranquilo en ningún lado. En el único lugar donde puedo escribir tranquilo es un lugar de España que no menciono nunca. Voy por tres o cuatro semanas, allí escribí casi todos mis libros. “Andamios” demoré dos años y medio en escribirla, dos tercios de esa novela la escribí en ese lugar. Si a mí me dejan escribir, escribo bastante rápido”.

-¿Cuál fue la obra que marcó a Mario Benedetti hasta el punto que supo que no podía ser otra cosa más que escritor?

M.B: El libro que consiguió lectores y a partir de ese momento, editor, fue el octavo libro. Los primeros libros me los pagué yo con unos créditos que daba el Banco República. El primer libro que tuvo público fue “Los poemas de la oficina” y después con “Montevideanos”, conseguí por primera vez editor. Yo fui el primer autor de Alfa y Alfa fue mi primer editor. Después la novela “La Tregua” llegó a ciento treinta ediciones, traducción a 25 idiomas, se vio en televisión, la radio.

-“La tregua” tuvo su realización en el cine argentino. Argentina es un país que lo adora…

M.B: Pero mis libros también estaban prohibidos. Es un público muy adicto, muy entusiasta.

-Los argentinos parecen ser más fervientes que los uruguayos, que no parecemos tan efusivos.

M.B: El porteño es más exuberante. Aquí son más discretos pero igual me paran muchísimo. En México, peor todavía. Pero el uruguayo es más lector. En México, hay gente que me abraza y no me ha leído. Yo les pregunto, “¿vos qué leíste de mí?” y dicen: “Leer no pero la canción ‘Te quiero’ la escuché una vez”. La canción difunde mucho y a veces la gente por la canción entra en la poesía.

-Usted es una especie de revolucionario dentro de la poesía hispanoamericana en el sentido que introdujo la claridad.

M.B: Siempre tuve cierta obsesión por la claridad, que es difícil. Mis primeras influencias son poetas muy claros: Machado, Martí, que se les entendía a primera vista.

-Don Mario, además de prepararse para ser escritor, ¿también se fue preparando para la fama?

M.B: Me agobia un poco la fama. El otro día, por ejemplo, leí poemas en Colonia y cuando terminé de leerlos, vino una avalancha con un libro en cada mano para que le firmara, parecía un malón de indios. Llegaron a la mesa, me tiraron el agua. Yo tuve que decir: “por favor, o se organizan en cola, o no firmo nada”. En orden , yo los firmo.

-¿Es peligroso estar dentro de los tres escritores más leídos del país?

M.B: El éxito siempre pone nervioso a los escritores y a los críticos.

-Me parece que los intelectuales y los músicos son necesarios porque sin ellos, el mundo sería árido pero, ¿no cree usted que se descuida todo lo relacionado con la inteligencia del corazón?

M.B: A veces se descuida todo lo que tiene que ver con el sentimiento. Por un lado, hay como una tendencia a hacer una literatura light y por otro lado, hacer una literatura lejana del lector. A mí, lo que me parece mal es que el escritor haga concesiones, ya sean concesiones políticas, concesiones a los críticos, concesiones al lector. Yo, por ejemplo, que soy de clase media, he fustigado bastante a la clase media. No la halago y son mis compradores. No la adulo, para nada.

LAS RELACIONES CON EL PODER

-Luego del éxito como escritor, me imagino que aumentó el número de amigos…

M.B: Y de enemigos, por razones políticas. Yo con los poderes, no me llevo bien. Cuando ahora me dieron el Doctorado Honoris Causa en la Facultad de Humanidades, llegaron mensajes de todos lados, de las facultades, del extranjero, de los sindicatos. Ningún mensaje del Ministerio de Cultura cuando sería un trámite casi burocrático. Cuando a un escritor uruguayo le dan una distinción así, parecería lógico. Yo me alegré mucho porque cuanto menos conexión, mejor. Me siento muy honrado con ese olvido. La cultura no le interesa a los gobernantes. La extrema derecha, generalmente los pone presos, los mata o en el mejor de los casos, los censura. A la gente “de centro”, a los neoliberales les interesa a veces la cultura para sacarse una foto con un escritor o con un pintor. Son, a veces, una especie de florero. Tampoco la izquierda se siente influida por los intelectuales de izquierda, les gusta usarlos. El escritor no influye sobre el poder, puede influir sobre un ciudadano particular y eso creo que es el mejor premio que puede tener el escritor.

-Resulta raro que no se promueva la cultura desde los puestos de poder ya que nuestro presidente es considerado un ser cultísimo.

M.B: Tengo dos críticas literarias hechas por Julio Maria Sanguinetti(*) cuando era crítico literario en “Acción”, una a favor y otra en contra. La cultura es crítica. Si ganara el Frente Amplio, yo tampoco le diría “Amén” a todo lo que hace. Me sentiría mucho más cómodo que con un gobierno colorado o blanco. Pero si un día tengo que criticar una cosa, la critico. Hay esas frases hechas, una de las cuales dice que el poder corrompe, hay veces que no es que corrompa por dinero, a veces corrompe la opinión gobernante y a veces, un tipo puede tener las mejores intenciones en las promesas que hace y se encuentra que no las puede cumplir porque están otros poderes más arriba de ese podercito. No es fácil, aún para el tipo más inspirado que llegue al poder en nuestro país. No es fácil cumplir, incluso aquello que él mismo quisiera hacer, porque las presiones son terribles, los chantajes económicos…Tiene que ser un tipo muy osado y valiente para independizarse. El caso Fidel es casi único, si no es la excepción. Realizó lo que él quería, pese a todas las condiciones externas, internas. No se dejó chantajear ni presionar.

-¿Lo conoce a Fidel?

M.B: Sí. Siempre que voy a Cuba, hablo con él.

-¿Fidel lee a Benedetti?

M.B: No sé si me ha leído. Lee muchos ensayos políticos. A veces me ha recomendado novelas.

¿Y BENEDETTI, QUÉ LEE?

José Saramago: “Es sensacional. No le han dado aun el Premio Nobel porque es comunista”.

Antonio Muñoz Molina: “Excelente novelista”.

Marcela Serrano: “Me gustó mucho las dos novelas que leí de ella: ‘Antigua vida mía’ y ‘Nosotras que nos queremos tanto’. Muy interesante”.

María Teresa De Miguel:” Fui compañero de jurado con Angeles Mastretta en el Premio Planeta y la premiamos. Su novela ‘El general, el pintor y la dama’ es de interés para uruguayos y argentinos porque está Juan Manuel Blanes, la mujer de Blanes y Urquiza”.

Federico Andahazi : “Su novela ‘El anatomista’ recibió el premio por unanimidad del Concurso de la Fundación Fortabat (Nota de la redacción: fundación de la multimillonaria Amalia Lacroze de Fortabat) lo consideró inmoral y no le hicieron presentación de libro, sólo recibió el premio, que eran unos 15.000, pero no la publicación. Parece que es un hecho histórico, un pariente de Colón que hace el descubrimiento del clítoris de la mujer como instrumento de placer sexual. Uno descubrió América y el otro el clítoris. No es una novela para nada pornográfica, al contrario. El discurso del colono que se defiende de la Inquisición es una maravilla. Lo salvan cuando ya lo iban a condenar a muerte porque el Papa se estaba muriendo y el colono, que era médico, cura al Papa”.

Eduardo Galeano: “Tiene un estilo muy original. Está a medio camino entre la cosa histórica y la ficción y hasta la poesía. Porque “Memorias de fuego” tiene trocitos que son casi poemas. Además “Las venas abiertas de América Latina” es un libro fundamental. Figura como texto en una gran cantidad de países de América. La historia la han escrito siempre los vencedores pero él trata de escribir la historia desde el punto de vista de los vencidos. Además se documenta muchísimo”.

Gabriel García Márquez : “De sus novelas, la que más me gusta es “El coronel no tiene quien le escriba”. Lo que le dio fama fue ‘Cien años de soledad’, uno llega a creer que ‘Remedios, la bella’, realmente se remonta. Después ‘El amor en los tiempos de cólera’ es otra de sus obras cumbres. Yo escribí un cuento con el mismo tópico, una historia de dos que se conocen desde chicos y recién se encuentran en un barco. Si lo hubiera publicado, todo el mundo hubiera dicho que le copié a García Márquez”.

Jorge Luis Borges: “Yo creo que le tendrían que haber dado el Nobel. No comparto la cosa política de Borges pero era un gran escritor. Lo que más me gusta de él es su poesía”.

(*) ex presidente de Uruguay, período 1995-2000.
©1997 Leticia Brando,revista SON



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