¿Dejas que tus emociones se transformen en estados de ánimo?

¿Dejas que tus emociones se transformen en estados de ánimo?

Es difícil concebir un mundo sin emociones. Sin ellas seríamos como un robot, quizá eficaces, pero nunca felices, ni enamorados, ni melancólicos. No conocemos bien nuestras emociones pero experimentamos muchas a lo largo de la vida. Algunas son elementales, pero otras son tan intensas que pueden marcar nuestra existencia para siempre.  Todos experimentamos alguna vez  miedo, amor, ira, tristeza o sorpresa. Debemos indaga un poco más sobre la ruta a la que nos llevan las emociones.

Bastan apenas segundos para que en nuestra vida pasemos de una emoción negativa como la ira a una emoción neutra como la sorpresa. La gente habla de emociones positivas y negativas pero más que nada las emociones son una reacción a un estímulo. Por ejemplo, si tú pierdes a alguien que quieres, la emoción de tristeza posiblemente fluya. La tristeza no es mala, lo que es malo es haber perdido esa persona. La tristeza es la respuesta natural frente a esa pérdida.

La emoción tiene una experiencia subjetiva, que es el sentimiento. Por ejemplo, si siento que algo me enoja, estoy sintiendo la emoción de ira. Cada emoción tiene una expresión facial y unos sentimientos diferentes.

Muchas veces dejamos que las emociones se transformen en estados de ánimo. Cuando eso pasa, nos cuesta más cambiar los pensamientos. Si decido estar triste cada día de mi vida, es muy posible que mis pensamientos sean más negativos sobre las otras personas y el mundo. Si decido vivir alegre y disfrutar la vida, es posible que piense que la vida vale la pena vivirla y sea abierto al mundo. Por eso,  hay gente que se habitúa a estar contenta, enfadada o triste. Los hábitos están conectados con las emociones. Pensamos, decidimos y actuamos.

Hoy  el valor no está medir cuan alto es nuestro coeficiente intelectual para nuestro trabajo y estudio. Tampoco interesa nuestro CI cuando hablamos en términos de amor y relaciones. En el mundo vertiginoso que vivimos, de cambios permanentes, nuestra eficacia social adquiere un rol protagonista. Sólo si somos flexibles y capaces de adaptarnos a lo nuevo, nos permitirán salir airosos de los problemas.

La inteligencia emocional es la habilidad de una persona para percibir, comprender y manejar sus propias emociones  y las de los demás. Comienza por el conocimiento de uno mismo. Es una de las más importantes habilidades que poseemos y es una cualidad que podemos desarrollar y por eso mi idea de realizar un programa como Ruta feliz: el objetivo es conectarnos con las emociones más positivas así que los dejo con lo que fue el segundo programa sobre Emociones y estados de ánimo, donde conté con las opiniones de Silvio Raij, Graciela Figueroa, Verónica Abella e Inma Capó.



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