De la creencia en mí, en ti a la creencia en nosotros

De la creencia en mí, en ti a la creencia en nosotros

Aquí os dejo con una parte de la columna “El ángel viste de Prada” que salió en noviembre de 2010 en la revista uruguaya, Bernik Magazine donde hablo de creencias y de parejas de leyenda como John y Yoko.

Decía John Lennon que no creía en nada. Ni en Dios, ni en Jesús, ni en Hitler, ni en Buda, ni en el Mantra, ni en Elvis, ni en Bob Dylan, ni en Los Beatles. Sólo creía en él y en su mujer Yoko Ono. Esta creencia en ese amor que todo lo podía es lo que inspiró gran parte de su obra solista y lo que impulsó su protesta en la cama contra la guerra de Vietnam hace ya más de cuarenta años. El amor como arma de destrucción masiva contra la intolerancia, la guerra y la codicia. Ayer nomás pasaba todo esto pero hoy las mujeres y los hombres de todo el mundo siguen creyendo que el amor los puede acercar a la paz y a la conquista de la felicidad en la Tierra.

Individualismo. Egocentrismo. Amor descartable. Vínculos líquidos. Son sólo algunos términos más nombrados en el siglo XXI. La pareja y la familia como ideal frente a una creciente cantidad de personas frustradas luego de hacer una gira nocturna por bares y discotecas. Barcelona, que es considerado un centro cosmopolita y de ocio, es una muestra evidente de esta frustración. En los ámbitos más exclusivos de la llamada ciudad condal, la estética cuidada y la música ensordecedora no aseguran la posibilidad de entablar una comunicación profunda y honesta. Las treintañeras y cuarentonas más sofisticadas lucen sus mejores vestidos de Gucci, Carolina Herrera, Chanel, Christian Dior y se alzan en sus zapatos Salvatore Ferragamo y dejan que sus piernas torneadas recorran los pasillos del último restaurante lounge de moda. Las veinteañeras se conforman con unos tops comprados en Zara o en Mango y lucen sus cuerpos trabajados en horas de gimnasio. Todas desfilan por esos locales ostentando una seguridad que se esfuma cuando son apenas miradas por los guapos de turno.

Al mismo tiempo, esos guapos y no tan guapos, menos ansiosos y más despreocupados, apoyan sus espaldas y sus bíceps en la barra y miran el desfile de esbeltas, rellenitas, bellas, no tan bellas y seres deseosos de volver a creer y alejarse de las malas experiencias. En realidad, ellos también tienen la fantasía de conocer a alguien y hacer su vida menos solitaria pero la paciencia es una virtud masculina que no siempre la detentan muchas mujeres. La ausencia de ansiedad ante la posibilidad de tener una nueva pareja es menor en el hombre, especialmente en Barcelona, donde hay más sobredosis de estímulos y de ofertas de nuevas chicas para conocer. En cambio, en Montevideo, los divorciados de treinta, cuarenta y cincuenta años, no tardan mucho en volver a creer en otra chica para compartir sus días.

Así le ha pasado a mi amiga Gabriela, que tras separarse de su marido de más de diez años, él ya tiene una nueva novia, que le asegura que la ha conocido a los dos meses de dejar y que le está sirviendo de paño de lágrimas mientras supera la ruptura de mi amiga. Gabriela lo tiene más difícil porque hombres de más de cuarenta años que estén libres no es algo que abunde en la capital de Uruguay. A sus treinta y ocho años, recibe invitaciones de señores de cincuenta o de jóvenes de veinticinco y ahora está en la disyuntiva de hacerse monja budista o instruir a los jovencitos en el arte amatorio. En realidad, gracias a esta separación, Gabriela tomó conciencia que la ausencia de pareja no implica que una persona sea un ser solitario y huraño. Ahora, Gabriela disfruta del amor hacia su familia, sus amigas, sus dos hijos y su trabajo como voluntaria en una organización no gubernamental.

Cuando llegue el momento, Gabriela volverá a creer. Porque los divorcios aumentan tanto como las dificultades de comunicación entre propios y extraños pero las personas siguen aspirando a la unión. No importa que el alma y el corazón estén heridos de guerra tras varias rupturas. Ningún día es tirado cuando el corazón siente. La pena se hace eterna sólo cuando no nos atrevemos a darnos una nueva oportunidad. A veces, la nostalgia puede ser un arma que nos permite seguir caminando y nos da esperanza. Si tenemos un buen recuerdo de nuestro pasado amoroso, vinculado a la dicha y la felicidad, seguramente volveremos a repetirlo en el presente. Tal vez en el futuro, podamos construir una pareja de leyenda como la de John y Yoko.

© Leticia Brando, 2010. Toda reproducción debe citar el texto original.



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2 comments

  1. FREDY CASTILLO VERGARA /

    TENGO 41 AÑOS, ESTOY DIVORCIADO HACE 7, UN HIJO DE 8… SE LO DIFICIL QUE PUEDE SER VOLVER A CREER… PERO NO IMPOSIBLE. TUS LINEAS DICEN MUCHO LO QUE SIENTO.
    GRACIAS!

    SANTIAGO/CHILE

    • Gracias Fredy por tu comentario. Siempre se puede volver a creer, visualiza lo que quieres y así te conectarás con tus posibilidades. De esta manera, lograras estar con alguien a quien quieras y además quieras estar

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