Una Navidad con sentido: renaciendo con uno y con los otros

Una Navidad con sentido: renaciendo con uno y con los otros

Mientras ayer algunos recordamos que un fanático loco nos quitó al gran John Lennon de esta tierra, llegan días ajetreados donde la excusa de la Navidad y el fin de año tiene a todo el mundo como autómatas incontrolables. Con un dejo de nostalgia por el diciembre en Barcelona, me encuentro hoy en un Montevideo caluroso con colas en las paradas de taxis, aglomeración de gente en las rebajas, ánimos que corren apurados como el conejo de Alicia, personas que de vez en cuando se toman un café en sitios con Wifi y así se observa la comunicación fría y distante de esta época que el anuncio de Crufi resume de forma magistral.

Si alguno no vio aún ese brillante anuncio donde se habla de amor, familia, amistad ya que la relación entre el niño y el perro es más que entrañable. Justamente esos dos protagonistas son los que emprenden la aventura de hacer consciente a los miembros de su familia de la vida automática que protagonizan. En esa vida, la incomunicación prolifera entre las señales de la televisión durante el almuerzo, los celulares a toda hora, las computadoras y las tablets sustituyendo a los libros y las conversaciones entre todos.

Más allá de lo que compran en estas Navidades como ya comenté en anteriores ocasiones, quizá las personas deban preguntarse dónde están invirtiendo su tiempo en estas fechas. Resulta gracioso que personas que ni te llaman para tu cumpleaños, ni responden peticiones personales o laborales y hacen de  la indiferencia y la falta de consideración como un hábito tan corriente como cepillarse los dientes, en estas fechas les sobreviene una actitud cariñosa y complaciente y demanden una necesidad de encuentro. Posiblemente esas personas no sean tan indiferentes al prójimo como nos lo hacen creer con sus acciones en el resto del año. Quizá sean uno más de los tantos que se ven circulando en la vorágine vital donde importa más hacer y no tanto sentir ni pensar.

Navidad Crufi 2015

Justamente unos días antes de que armemos el árbol de Navidad, nos topamos con los dos días de Teletón anuales donde se nos cuentan muchas historias de superación. Realmente es imposible no donar si miras alguna de las historias y ahí nos conectamos con lo realmente importante.  Justamente nos cansamos de decir que la belleza está en el interior, en los valores, en el ser pero a la hora de vivir, el mundo es exterior, privilegia la imagen, el éxito, los logros. Por eso, estos niños y los especialistas de la Fundación Teleton que trabajan con ellos nos dan cada año una lección de vida y así es el caso de Tomás con su lección de “que se puede ser mucho más de lo que se puede ver” y que no hay acto más sabio que “aceptar la vida como es”, de Benjamín, de Thalia, de Sol , de Mesut, de Brahian, de Axel, de Fernanda o de Adriana, madraza de Brahyan y Santiago.   ¿Es importante quejarnos de ese queso que no hay en el supermercado frente a casa? ¿Es importante exigir a nuestros hijos que sean algo que proyectamos en ellos? ¿Es importante sentirnos angustiados cada vez que alguien nos responde mal o declara frases lapidarias sobre nosotros? Nada de eso es importante.  Primeramente porque los quesos ya los encontraremos, las proyecciones las veremos en las pantallas del cine. Por otro lado, debemos darles a nuestros hijos el soporte, el amor, el respeto para que ellos mismos construyan la película que quieren protagonizar. A su vez, una cosa que aprendemos en la madurez es que no nos quiere todo el mundo y eso también hay que aceptarlo y seguir nuestro camino y buscar senderos donde nuestra ida tenga siempre su vuelta.

Por eso, antes de pensar en los regalos de Navidad, en todos los compromisos que tenemos que cumplir, a todas las reuniones que debemos ir, deberíamos pensar sinceramente en este año que termina quiénes fueron las personas que nos han dado su tiempo, su calor, su cercanía, su escucha y a qué personas le hemos dado lo mismo, nuestro tiempo, nuestro calor, nuestra cercanía, nuestra escucha. Quizá a esas personas debamos hoy regalarles nuestra presencia,  quizá con ellas podamos vestir nuestras mejores ropas, abandonar todos los prejuicios, dejarnos apreciar al mismo tiempo que apreciarlos, aceptarlos y al mismo tiempo sentirnos apreciados. Quizá cuando nos atrevamos a estar con ese tipo de personas, más allá de los roles, sueños y sombras compartidos, quizá sólo ahí podamos volver a nuestra esencia que creíamos perdida y arrancar a llorar. Quizá en ese momento habremos renacido y ahí tendrá sentido esta Navidad.

Y para recordar un ejemplo de renacer o más bien un emblema de Renacimiento porque John supo ser músico, activista por la paz, poeta, devoto padre, esposo, artista, feminista pero principalmente antes de hacer todo eso, recordó todas las veces que hizo mal justamente ese asunto de vivir. Volvamos a recordar o mejor dicho, volver a pasar por el corazón al gran John y lamentablemente las imágenes del video tienen una vigencia desgarradora:

 



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