San Valentín o el día santo del tiempo amoroso

San Valentín o el día santo del tiempo amoroso

El tiempo llega a toda prisa y eso no evita que los más románticos lleguen al 14 de febrero con una gran cantidad de estímulos que los hace detenerse y reflexionar.

▪ Estas publicidades que muestran parejas felices comiendo bombones, no siempre son bien recibidas por todos los solteros. Pero como toda fecha de celebración, puede ser también una oportunidad para reflexionar acerca del tiempo que le estamos dedicando al amor, ya sea el amor a nuestros hijos, esa forma de amor que se llama amistad o bien el amor a nuestros compañeros de vida.

Desde la poesía, la literatura, la filosofía, la psicología, el tema del tiempo resulta básico para entender los procesos de hombres y mujeres y eso lo refleja bien mi amigo  Silvio Raij en su libro Full Stop. Nos levantamos cada mañana, pensando en la agenda apretada que debemos cumplir, desayunamos pensando que no llegamos a tiempo al trabajo y comemos pensando en regresar a trabajar. Mientras tanto, seguimos bebiendo tés artificiales con sabores de lo más diversos, leemos libros de filosofía que nos prometen entender el idealismo trascendental de Immanuel Kant o la dialéctica de Wilhem Friedich Hegel en unos minutos y comemos verduras, que compramos envasadas en el supermercado de turno.

Mientras tanto, esta rutina interminable, no siempre es menos intensa si una persona está soltera. De alguna manera, la vida en pareja permite compartir esas penas, esos agobios cotidianos. Pero el soltero, acostumbrado a que lo vean como un ser con más tiempo libre y menos obligaciones, llega su casa, con apenas unas horas para ir al gimnasio o mirar un poco de televisión.

 Uniendo valentías

 Desde esa misma televisión, los solteros y solteras ven el bombardeo de publicidad sobre San Valentín, con mensajes que los invitan a estar enamorados. Pueden surgir malos pensamientos o cierta melancolía en algunos, todo depende del tiempo que estén atravesando. Y en otros, los más positivos pueden surgir el deseo de estar en pareja, lo cual muestra un optimismo, esencial para el amor. Tal como ya hemos mencionado con anterioridad, los pensamientos positivos son básicos para construir cualquier tipo de relación. En temas de amor, no sólo se requiere de seres dispuestos, optimistas, sino seres capaces de dar y por supuesto de seres osados.

 El amor es una de las empresas más difíciles. Una vez que finalizó el enamoramiento, la etapa mágica en la que se ve al otro como un ser perfecto, sin casi debilidades, el amor necesita de personas valientes, que se atrevan a superar las diferencias y esa es la gran cuestión que planteo justamente en mi libro “Las mujeres y los hombres que no aman demasiado“. En esta era hipermoderna, el poder amar parece la cuestión pero se sabe que es algo esquivo y no siempre ejecutable. En realidad en un mundo conectado y comunicado por redes digitales, el amor aparece como un poder y una estrategia. Se nos olvida que el amor es un valor, un sentimiento y una emoción. Para la persona que busca pareja, el amor es visto como un poder que cumple sus anhelos, libera sus tensiones y le acerca a la dicha. Pero en un decir “deleuziano” también podría ser visto como aquello inalcanzable que desea pero también le prohíbe cosas, le niega espacio, bloquea su “yo” y le quita independencia.

 De todos modos, toda celebración, más allá del aspecto comercial, deja el terreno propicio para la reflexión. Este tiempo donde se festeja el hecho de estar en pareja, muchos lo ven con alegría. Capaz que hay que celebrar el amor a secas, el amor a un hijo, a una idea, a una causa. Mientras tanto, algunas parejas aprovechan para realizar la cena que venían posponiendo debido a las obligaciones de cada uno. Del mismo modo, ¿cómo se posicionan los solteros en este festejo? ¿Qué tiempo se han dado hasta el momento para creer y volver a enamorarse?

 La generación de hombres y mujeres, principalmente la del sector de 25 a 45 años suele justificar su falta de pareja a su ausencia de tiempo para dedicarle. Claro que el amor es un asunto que requiere tiempo. No estamos hablando de cantidad de tiempo, sino de calidad. El conocimiento del otro necesita tiempo y dedicación.

 Cada pareja establece sus propias reglas de funcionamiento, sus códigos en común pero es importante, que más allá del tiempo y el espacio compartido, cada uno conserve sus espacios privados. Una relación afectiva no es un todo indivisible sino que es la suma de dos partes: dos seres que se han encontrado y se han atrevido a conocerse, y posteriormente han tenido la valentía de enamorarse. Por ello, para el éxito de cualquier relación y para continuar celebrando muchos San Valentines y muchos aniversarios, se hace necesario que cada uno sea consciente que siempre uno es, más allá del otro. El amor hacia mi pareja adquiere sentido cuando previamente cultivé mi amor propio y algo de eso comenté en un post compartido al que me invitó Oscar Durán Yates. Tomando conciencia del espacio propio y aceptando el espacio del otro, llegaremos a vivir ese amor, pensando que es tiempo invertido y no tiempo perdido.

 

Y hablando de amor, les dejo con un programa de “Ruta feliz” donde justamente hablamos de amar sin dependencia



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