De pasos cortos a caminos largos, pan y rosas para todas

De pasos cortos a caminos largos, pan y rosas para todas

A veces duras como una sentencia, como un volcán a punto de erupción, ellas se asemejan a la telenovela rosa de la tarde, otras son las principales protagonistas que inspiran a Pedro Almodóvar y otras veces adoptan las imágenes del cine noir. Niñas, hijas, hermanas, madres, abuelas, niñeras, enfermeras, psicólogas, abogadas, juezas, doctoras, periodistas, científicas, diseñadoras, actrices, cantantes, ministras, diputadas, ellas hacen  y a veces se olvidan de ser. A veces se equivocan, quieren ser como ellos. A veces,  la lucha es justa y luchan por sus derechos y en esa lucha a veces discriminan a las que no son como ellas y vuelven al principio. Porque a ellas les gusta dar vueltas, ir,  volver y muchas veces les gusta regresar. Aunque simulen baja autoestima, ellas sacan su fuerza cuando el momento lo requiere. Aunque parezcan sencillas de conocer, su claridad esconde un misterio imperceptible que exige mucha pericia, astucia y una observación impecable.

Entre esos enigmas, ellas encuentran su sentido, sólo en la escucha de sus historias, podemos encontrar el eco de su verdadera voz. Son el origen, el principio, ansia, amor, seducción, maternidad, lealtad y adentrarse en sus mundos íntimos implica desentrañar la simplicidad que hay en la complejidad. Cuando buscan el entendimiento ponen todo en palabras. Otras veces se dan cuenta que el silencio tiene un poder sanador.

Ellos entienden que no las entienden y no les queda más remedio que el juego de jugar a comprenderlas, a probar el humor con ellas y a reconocer que todo vale siempre y cuando llegue la risa. Porque la risa de ellas es la risa del mundo. Hay en ellas una rebelión a todo lo corriente y hasta la más normal crea y transgrede los tópicos. No hay ninguna igual. La peculiaridad es su característica. El mero hecho de ser madre ya las libera de esa tendencia a la normalidad. Ellas saben que son la mayor ironía frente a lo establecido, se alzan contra la insolencia, dejan de hablar ante la verborragia y la avalancha informativa de los sabelotodos. Ante eso, proponen el vacío, asaltan a los lengua largas con la poesía y dan un golpe magistral a las malas intenciones de los charlatanes de turno.

Ellas se conocen desde miles de años, cuando observaban calladas desde la sombra a sus amados. Supieron ser musas inspiradoras de genios masculinos como William Shakespeare, Leon Tolstoi, Gustave Flaubert y Dante Aligheri, y desde entonces se juegan la vida cuando alguien se atreve a ensombrecer su alma romántica. Aunque muchas hembras modernas ya no sueñan con Romeo como Julieta, ni se sacrifican como Ana Karenina o Emma Bovary pero todavía persiste la fantasía de pasión eterna que quemaba a Francesca y que culmina con su muerte y la de su amado Paolo. Hoy también la dependencia amorosa sigue siendo uno de los males del siglo XXI que conduce a abismos como la violencia intrafamiliar, el maltrato psicológico y el desamor.

No es todo. Aquí nomás, ellas puede que no quieran, pero a veces terminan observando el horror desde sus televisores de plasma. Casi sin querer, ven cómo sus hermanas de otros mundos deben sufrir lapidaciones en Afganistán, feminicidios en México, mutilaciones genitales en África y racismo hacia las indígenas en países como Perú y Ecuador.  Pero este presente es mejor que el pasado reciente. Fue ayer nomás en marzo de 1857 cuando 146 obreras de la fábrica textil Cotton Textil Factory murieron. Ellas sólo protestaban y reclamaban una reducción de la jornada laboral de 16 horas a 10 horas diarias, un aumento de salarios y una mejoría en el ambiente laboral. Años después en 1908, se repite la historia. 129 mujeres mueren quemadas y 200 quedan heridas dentro de la fábrica Cotton. El 8 de marzo de 1908, 15 mil mujeres marcharon por la ciudad de Nueva York para exigir una limitación de la jornada de trabajo, mejores salarios, derecho a voto y el fin del trabajo infantil. Adoptaron el lema “Bread and Roses” (Pan y Rosas). El pan simbolizaba la seguridad económica y las rosas una mejor calidad de vida. Dos meses después, el Partido Socialista de Estados Unidos designó al último domingo de febrero como Día Nacional de las Mujeres: la primera conmemoración se produjo el 28 de febrero de 1909 y la fecha se mantuvo hasta 1913. En 1910, durante una conferencia de la Internacional Socialista reunida en Copenhague, Dinamarca, Clara Zetkin, una socialista alemana, propuso la creación de un Día Internacional de la Mujer.

Desde entonces, ellas llegan para quedarse, parecen breves pero quedan eternas, a veces con cierta dosis mínima exageran sus virtudes, otras veces relativizan sus defectos y a menudo, se reconocen santas y pecadoras, vulnerables y se rehúsan a subirse a los proscenios que les ofrecen a diestra y siniestra porque desde hace varias décadas, ellas están de moda.  Y porque esta idea de querernos no sea una moda pasajera, deseo que en este 8 de marzo de 2015, que como digo siempre no es un día de festejo sino de reivindicación, todas y todos celebremos el hecho de ser, ya de hacer y de tener nos encargaremos en otro momento. Hemos dado pasos cortos pero el camino sigue siendo largo. El desafío está servido y compete tanto a ellas como a ellos.

 



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