Afrontando los cambios

Afrontando los cambios

Daniel estuvo casado veinte años con una mujer a lo que no amaba. Cuando finalmente se atrevió a ser honesto consigo mismo y divorciarse, se dio cuenta que el cambio implicaba dolor pero también autenticidad con la vida que quería vivir. Lorena respondía siempre de forma reactiva cuando alguien la criticaba, lo que hacía ser definida como la “malhumorada” de su ambiente de trabajo. Un día quiso comenzó a pensar antes de responder y se dio cuenta que cambiar la furia por la paciencia le daba más dividendos. Todos, al igual que Daniel y Lorena estamos cambiando consantemente pero no siempre nos atrevemos al riesgo de iniciar algo nuevo. Pero ahí precisamente está la clave de la vida, la de crearnos una nueva realidad cada día. Cambiamos el cuerpo, llegan las arrugas, las primeras canas. ¿Nuestro ser cambia o siempre seremos un poco niños, un poco adolescentes, un poco adultos?

Dado el ritmo de vida, debemos adaptarnos a nuevas situaciones pero nos cuesta porque los seres humanos tendemos a ser rutinarios. Nos gusta la estabilidad y el equilibrio. Tener un trabajo fijo, una pareja estable, unos amigos a los que recurrir, un hogar al que regresar. Sin embargo, las novedades siempre están a la vuelta de la esquina, desde atrevernos a practicar esquí hasta la audacia de tener un hijo.  ¿Cuánto hay de pérdida y cuánto hay de ganancia cuando cambiamos?¿Será que el cambio es lo único constante?

El cambio nos enfrenta a definir quiénes somos y qué podemos hacer ante una situación nueva, ya sea positiva o negativa. Ante un cambio como puede ser un divorcio, una mudanza de país, una promoción en el trabajo, o un despido vamos reconociendo lo que podemos hacer en cada circunstancia.  Realmente nos aprendemos a conocer cuando asoman las dificultades, los obstáculos y no tenemos más remedio que cambiar. Creemos que nos conocemos pero en una situación imprevista, a veces que nos excede, ahí aprendemos a saber más de nosotros mismos. El cambio nos facilita llegar a saber lo que somos de verdad. Cuando sentimos que nos hundimos, emerge lo mejor de nosotros mismos.

Aunque no seamos conscientes, cada día nos transformamos. Frecuentemente los nostálgicos cuando se reencuentran con sus  compañeros de escuela, le dicen frases al estilo, “estás igual que siempre”, pero eso es una percepción no siempre adecuada. Desde el momento que uno decide casarse, formar una familia, ir a la Universidad, hacer una carrera, luego hacer un cambio y decide separarse, no trabajar de esa profesión sino en otra, ahí hay toda una serie de cambios. De nosotros depende verlos como aprendizajes y no como pérdidas. En realidad, hasta un despido puede ser un cambio positivo porque nos da lugar para trabajar en algo que nos guste si nuestro trabajo hasta ahora no nos estaba motivando. Claro que previo al cambio, hay miedo e incertidumbre. Así como los peces sienten incomodidad cuando se les cambia de pecera, a los seres humanos les pasa lo mismo.

Cambia tu vida

 

Cuando pensamos en el cambio, solemos asociarlo al crecimiento, la maduración, el paso inefable del tiempo. Cambiamos porque no hay más remedio porque estar estáticos, sin movimiento no siempre nos funciona bien. Cambiamos porque queremos llegar a algo, aunque sabemos que lo más interesante está en el camino, y no tanto en la meta. Porque capaz que si llegamos, nos creemos acabados o vencidos, mejor mantener esta constancia en cambiar y mantener únicamente estable nuestros valores, esos que nos identifican y que nos hacen tener claro quiénes somos, esos valores que pueden venir todos los huracanes o tsunamis emocionales, y nos hacen permanecer inalterables, sólidos, firmes y valientes.

Y creemos que nos cuesta el cambio, hasta que nos damos cuenta que tenemos el poder de decidir cambiar una cara triste por una alegre. Y así pasa que a veces estamos tristes pero somos alegres. Y no fingimos, sólo cambiamos para algo mejor.

Aprender a aceptar el cambio no es fácil. La rutina nos lleva a tener miedo de perder nuestra casa, nuestro trabajo, nuestra pareja, nuestros hijos pero una vez aprendemos, nos damos cuenta que eso nunca lo tuvimos. Ya nos tenemos a nosotros, que ya es bastante y el resto son cosas, circunstancias y seres que nos hacen la vida mejor, que nos valoran en nuestra estabilidad, en nuestras crisis y en nuestros cambios.

Pero mejor los dejo con un programa que hice para “Ruta feliz” sobre cómo afrontar los cambios.



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